Quiebra la espina dorsal.
Un retrato aburridísimo
de la mujer que había matado.
Matar es un placer para el demonio.
Matar para vivir,
vivir para matar.
Nada demasiado obvio, o sí,
si es que se lo mira
desde una perspectiva más bien homónima.
grasa en el cubo azul, tantas veces vi una mancha de sangre,
también por darle por el lado de las nueces
a la caja. de cajetilla beige y el color rarísimo,
como afuera, el galeno adyacente, otro opúsculo casi en la línea muerta de la luna.
O no tanto, porque el que qué dirá: muchas veces en el punto es breve, y otras tantas,
otras tantas, ¿muere?.
Alex Colman.
(Poemas no reconocidos de autor)
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